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Jaime Duarte, INNEGABLE LÍDER DE OPINIÓN EN MÉXICO

lunes, 17 de febrero de 2014

¿Qué detesta el público del orador? 15 errores a evitar para no "morir"

Jaime Duarte Mtz.
Socio Director de SIGNUMS Imagen y Reputación
Director General de Héroes Hoy
@JaimeDuarte
@HéroesHoy

En nuestro noble propósito de dirigir un mensaje relevante a nuestra audiencia es común que, lejos de darnos a entender y, más aún de persuadirla o entusiasmarla, acabemos por perder su atención, confundirla y ¡hasta dormirla! Será muy difícil de este modo que quieran invitarnos de nuevo a transmitirles una sola idea; te lo digo por experiencia.

Si deseas evitar entonces esta penosa y desafortunada situación -y vaya que todos corremos ese riesgo al hablar- te recomiendo que evites a toda costa cometer los siguientes "pecados" de comunicación, así sea que pronuncies un discurso político, impartas una capacitación o tengas una conversación con tus colegas de trabajo.

1. "Cantinflear"
Sí, está bien escrito. Desde 1992 la Real Academia de la Lengua Española sumó ya el término para referirse a la persona que habla sin contenido, o bien, te enreda. Esta es una señal clara o grotesca de que no tienes ni pi... idea de qué rayos piensas y expresas; menos, quienes te escuchan. Es característico de la gente sin cultura. Cuídalo o enseñarás el "cobre", créeme.

2. No mirar a las personas
El evadir la mirada de tu público es interpretada de manera negativa pues le lleva a suponer que no le importas o estás muy nervioso(a). Finalmente te disculparán el que tengas ansiedad pero ¡no que lo ignores! Es igual como cuando alguien te habla y haces como que la Virgen te habla. Conozco a varios oradores que, sabe Dios por qué, cierran sus ojos todo el tiempo que dura su speech.

3. Dedo flamígero
Apuntar con el dedo índice al público y en particular a una persona cuando haces uso del micrófono es sumamente agresivo. La "víctima" inmediatamente se sentirá acusada y quizá hasta agredida, aunque no sea tu intención exhibirla o, por supuesto, enjuiciarla; tal vez hasta deseas ponerla de ejemplo, pero va a sentir otra cosa muy fea. ¡Nunca olvidará ese momento en que se sintió amenazada por ti!

4. Masticar un chicle o alimento mientras hablas
Al hablar en corto o en público sacamos naturalmente el aire por la boca y eso lleva, por tanto, a expulsar todo lo que en ella se encuentre, como la misma saliva. Pues bien, recuerdo a un expositor que en su discurso disparó un chicle verde que fue a caer tres filas después en el cabello de una mujer. ¡Imagínate ver volar eso y baba con la cámara Phantom de Televisa! ¡Fue horrible! ¡Guácala!

5. Ser "rollero"
Ocurre con muuuucha frecuencia que un profesor del colegio o un político hablen y hablen sin parar. Los expertos indican que nuestro cerebro está "programado" para atender un mensaje oral por no más de 6 o 7 minutos, luego del cual nos distraemos a no ser que empleemos más recursos. ¿Recuerdas los informes presidenciales en México del viejo régimen, o bien, los discursos de Fidel Castro y Hugo Chávez? Horas y horas duraban y no hay cerebro ni ¡nalgas! que lo aguanten. ¡Auxilio!

6. Pasarte del tiempo asignado
Relacionado con hablar sin parar, el exceder los minutos que te asignaron en un seminario, sobre todo en un evento académico termina por enfadar a cualquiera (aún a tus cuates). Les quedará la idea que no les importas. Si así lo haces eres muy desconsiderado. Es grave, pues si participaste así en una conferencia, ¡ya le modificaste a los organizadores el programa completo! Es mejor que el público te pida que hables más ("¡ootra, ootra!") a que ¡te arrebaten el micrófono y te corran!

7. Descuidar tu apariencia personal
Claro que el uso de tu atuendo dependerá del lugar, del clima, del tipo de público, de tu estilo o del contexto sociocultural en el que te presentes para exponer, pero deberás cuidar siempre tu higiene, el aliño y la pulcritud en tu outfit. Ten presente que tu ropa, accesorios y actitud comunican y significan en todo momento, y que tu imagen personal puede abrirte o cerrarte puertas fácilmente; no es cuestión de "viejas", moda o vanidad, es un tema de estrategia perceptual.

8. Desconocer a tu público
Hay oradores que se presentan a hablar así nomás ante grandes audiencias sin investigar ni un poco cuál es el tipo de audiencia que lo escuchará, ya sea por ignorancia o por arrogancia. Descuidar el conocimiento del perfil educativo, económico, ideológico, religioso, etc. del auditorio te puede meter en serios aprietos. Si lo omites serás duramente enjuiciado y nadie, nadie creas que te va a rescatar de esa.

9. Emplear términos difíciles
Es muy chocante escuchar a alguien emplear tecnicismos o terminología -así sea médica o profesional- reiterada, pero más todavía si no la explica al suponer que todos estamos familiarizados con estos. Si reincides, todos acabaremos por revisar nuestro smartphone para ver correos o "chatear" porque dejamos de seguirte y de comprender tu mensaje. ¿Sabes? Se siente re' feo "predicar en el desierto".

10. Hablar en voz bajita
¿Te ha tocado alguna vez pedirle a alguien que suba el volumen de su voz y apenas esta le aumenta una "rayita"? Sí, aunque otros también se lo pidan y él o ella usen hasta micrófono será inútil porque de todos modos nadie escuchará ni ma... Que no te pase; es indicador de inseguridad, baja autoestima o ¡de incompetencia! Mi abuelito decía: "taruguez". Pobrecitos.

11. Rascarte allí...
¡Ah, caray! Sí, lo que estás pensando... ¡allí! Hay personas, mayoritariamente señores o chavos desparpajados, sin modales, que mientras platican se rascan en público "donde las arañas hacen su nido" (aún con las manos en las bolsas dentro del pantalón). Pregúntale a una amiga, si eres varón, qué piensa de eso y no dejes de observar su reacción. Estos finos "gentlemans" creen que nadie los ve. Pero lo peor no sólo es eso, lo peor y asqueroso es cuando extienden su mano... ¡para saludarte!

12. Insultar al público
¡Uy! ¿Qué te digo? Cuando un ponente -sea cual fuere- se burla de la gente o la trata como retrasada mental -no faltará desde luego quienes ni se den cuenta de la agresión verbal- ¡se acabó su debut y participación! Y pensar que así hay miles de malos políticos quienes usan la publicidad, hablan a través de la TV o dirigen mensajes manipuladores en sus mítines y se regodean ante nuestras narices con epítetos ofensivos ¡y nadie dice ni hace nada! No seas de esos.

13. No dominar el tema y hablar de lo que no sabes
No se tú, pero a mi me enfada pagar por escuchar a una persona cuyo contenido está vacío; ¡pura paja! Ah, eso sí, aunque diga estupideces las dice "bonito" cual encantador de serpientes o flautista mágico. Nunca abras la boca, si no es para aportar, preguntar u opinar pero informado. Hoy todo mundo es "todólogo".

14. "Diarrea mental"
Así como cuando tienes dolor de estómago y corres desesperado(a) al baño y... ¡uf! así hay quienes hablan o conversan sin un orden o secuencia lógica. Si escriben, fallan de manera garrafal en su sintaxis. Esas personas hablan sin pensar, o más bien, sueltan ideas sin ton ni son como un torrente de palabras inconexas. Si no deseas pasar por superfluo o evitar ser percibido(a) con "fruti-lupis" en la cabeza, conecta la boca y la lengua al cerebro y di algo claro, útil e interesante. ¡Te lo aplaudiremos!

15. Hablar sin entusiasmo
"Qué flojera me da" -para recoger esta expresión actual y juvenil- escuchar a un hombre o a una mujer que por su expresión facial, ademanes, parado, caminado, actitud, etc. te llevan a concluir rápidamente que están cansados o deprimidos. A no ser que estén actuando o fingiendo, solemos alejarnos psicológicamente de quienes se comportan así, pues ¡se pega! Sí, se contagia el buen o mal ánimo del orador, tal como un virus.

Por supuesto que hay miles de errores más que debemos evitar si no queremos hacer el ridículo, muchos de los cuales son de sentido común; sin embargo, ¿qué crees? el sentido que menos usamos es precisamente ese: el sentido común.

Espero que estas sencillas recomendaciones sean de tu utilidad. Te invito a que adquieras mi libro donde encontrarás más sugerencias para fortalecer tu mensaje verbal y no verbal. También te invito a que te inscribas a nuestros próximos cursos y talleres de "Comunicación eficaz" para políticos, empresarios, profesionistas, etc. 

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¡El mejor de los éxitos!

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